¿Qué seguirá siendo lujo en la era de la IA? La individualidad.

Cuando el logo ya no es suficiente
A lo largo de más de treinta años en el mundo de la moda, he vivido varios cambios importantes. Uno de los más interesantes que observo hoy es cómo el lujo se está alejando del estatus visible para volver a algo mucho más personal: la individualidad.
Hasta hace poco, un logotipo era una de las formas más sencillas de reconocer el lujo. Hoy, una marca por sí sola ya no significa necesariamente exclusividad. La moda es más accesible, las tendencias se difunden de inmediato y prácticamente todo puede copiarse o producirse a gran escala.
Entonces, ¿qué es realmente exclusivo?
Para mí, aquello que no puede sustituirse fácilmente por otra cosa.
Una prenda creada para una mujer concreta: para su cuerpo, su personalidad y su forma de vivir. No un diseño al que ella tenga que adaptarse, sino un diseño que nace de ella.
Y es precisamente aquí donde entra la inteligencia artificial en la moda.
Una imagen perfecta no es una prenda perfecta
La IA me fascina como diseñadora. Me permite crear en cuestión de segundos conceptos visuales que antes requerían un proceso mucho más complejo. Puede ampliar los límites de la imaginación y abrir nuevas posibilidades en el diseño.
Pero también hace muy evidente la diferencia entre una imagen y la realidad.
La IA puede crear un vestido precioso sobre un cuerpo digital perfecto.
Yo, en cambio, necesito crear un vestido para una mujer real.
Y un cuerpo real no es un modelo digital. Tiene sus propias proporciones, asimetrías, postura y forma de moverse. Cada mujer tiene algo que no puede reducirse a una plantilla universal.
Después de tantos años trabajando en moda, he aprendido que tomar medidas no es suficiente. Necesito ver a la mujer. Cómo se coloca. Cómo camina. Qué partes de su cuerpo le gusta destacar y cuáles prefiere no enfatizar.
Solo entonces una prenda puede funcionar de verdad.
Por eso la IA no sustituirá a la alta costura
La IA puede convertirse en una herramienta creativa extraordinaria para un diseñador. Puede aportar ideas, combinaciones y nuevas direcciones visuales que quizá nunca habríamos imaginado sin ella.
Pero decidir qué debe convertirse realmente en una prenda sigue siendo una decisión humana.
Al igual que el conocimiento de los tejidos, la construcción, el corte y, sobre todo, del cuerpo femenino real.
Y quizá precisamente por eso la alta costura tendrá todavía más valor en el futuro.
Cuantas más imágenes perfectas podamos crear, menos exclusivo será crear algo bello.
Lo verdaderamente exclusivo será crear algo personal.
Creo que hacia ahí se dirige el lujo.
No hacia logotipos cada vez más grandes.
Sino hacia piezas que no necesitamos demostrar a nadie que son lujosas.
Porque sabemos que fueron creadas específicamente para nosotras.




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