¿Puede una prenda tener memoria?
Sobre las prendas que ya no llevamos, pero que no somos capaces de dejar atrás.

Quizás conozcas esa sensación. Abres el armario y parece que ya no queda espacio. Y, sin embargo, por la mañana estás delante de él pensando: «No tengo nada que ponerme».
Después de más de treinta años en el mundo de la moda, he comprendido que el problema normalmente no está en la cantidad de ropa que tenemos.
Está en que demasiadas prendas ya no reflejan quiénes somos.
Compramos ropa siguiendo las tendencias, para distintas ocasiones o porque nos gusta cómo le queda a otra persona. Algunas prendas las compramos en una etapa en la que vivíamos de otra manera, teníamos otro trabajo, otro cuerpo o simplemente éramos una versión diferente de nosotras mismas.
Y poco a poco, el armario se llena.
No de lo que realmente llevamos, sino de aquello que no somos capaces de dejar ir.
¿Puede una prenda tener memoria?
Yo creo que sí.
No literalmente, por supuesto. Pero algunas prendas guardan un momento al que regresamos cada vez que las tenemos entre las manos.
Un vestido que llevamos en una noche importante. Un abrigo que nos acompañó durante una determinada etapa de nuestra vida. Una prenda que compramos cuando nos sentíamos guapas, enamoradas, exitosas o libres.
Quizás ya no la llevamos.
Pero tampoco queremos tirarla.
Porque no estaríamos deshaciéndonos simplemente de una prenda.
Estaríamos dejando atrás una parte de nuestra historia.
Pero no tenemos que conservarlo todo
Creo que aquí debemos aprender a distinguir entre la ropa que simplemente ocupa espacio y aquella que tiene un verdadero valor.
Y si una prenda tiene una historia, no significa que tenga que permanecer para siempre exactamente como está.
A veces basta con cambiar el largo, modificar la silueta, añadir un nuevo detalle o encontrar una forma diferente de llevarla. Un vestido antiguo puede convertirse en algo completamente nuevo, algo que refleje a la mujer que somos hoy.
La historia permanece.
Solo cambia su forma.
Esto es precisamente lo que me inspira de la idea de Second Life. No todo lo antiguo necesita ser sustituido por algo nuevo. Algunas prendas simplemente merecen una segunda oportunidad.
Un buen armario no es un armario lleno
No creo que el objetivo sea tener la mayor cantidad de ropa posible.
El objetivo es tener prendas que realmente formen parte de nuestra vida.
Prendas que se adapten a nuestro cuerpo, a nuestra vida y a nuestra personalidad. Prendas a las que volvemos una y otra vez porque sabemos que, cuando las llevamos, nos sentimos nosotras mismas.
Y quizás, junto a ellas, algunas piezas que ya no forman parte de nuestra vida cotidiana, pero que todavía significan algo para nosotras.
No tenemos que tirarlas.
Podemos transformarlas.
Porque algunas prendas no son antiguas.
Simplemente están esperando su próxima vida.





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